EL COSTO HUMANO DE LOS APAGONES
El tiempo pasa y el sector energético ecuatoriano sigue en el limbo. La renuncia de la ministra de Energía y la demora en designar, hasta ayer, a su reemplazo son síntomas de una gestión que no ha encontrado un rumbo claro. En este vacío, no hay autoridad que explique la real gravedad del problema en la provisión del servicio, peor que defina la hoja de ruta para transformar el sector. Los apagones que el Gobierno insiste en calificar como “focalizados” continúan ocurriendo sin previo aviso y sin explicación. Apagones sin explicación y problemas estructurales El oficialismo ha atribuido esto al mantenimiento de subestaciones y equipos, pero esa es una respuesta que resulta insuficiente para la ciudadanía que ve alterada su rutina o para empresarios que pierden horas de productividad. Expertos aseguran que este problema se debe a algo más. La interrupción, dicen, es el reflejo de ineficiencias y problemas estructurales de transmisión y distribución no resueltos. El nuevo secretario de Estado que decida asumir esta cartera llena de pendientes debería empezar por allí, por dar transparencia a esta crisis. Ecuador necesita un plan concreto que establezca con honestidad cuánto tiempo más deberá soportar la interrupción de un servicio tan elemental como la electricidad y cuándo llegará la solución, para no seguir padeciendo por mantenimientos, falta de lluvias u olas de calor.



