
Los habitantes de la ciudad de Gaza, asediada desde hace semanas por Israel, recuperaron cierta normalidad y la esperanza con ataques menos intensos tras los avances hacia un posible fin de la ofensiva israelí, pero dicen no tener razones para celebrar una tregua que aún no ha llegado.
Un día después de que Hamás anunciara su intención de negociar de acuerdo al plan estadounidense para Gaza y de que Donald Trump exigiera a Israel el cese de los bombardeos, los habitantes de la capital salieron este sábado a las calles para ir al mercado, más concurrido que en días anteriores, o intentaron acceder, sin éxito, a sus casas en zonas controladas por el Ejército israelí. «No tengo motivos para estar alegre.
Cada minuto veo a alguien muerto», relataba a EFE Iman Abu Aqleh, de 40 años, desde la zona costera de Al Shati, donde se refugian muchos desplazados de la capital gazatí, que este sábado se despertó también con menos ataques israelíes, concentrados en el este de la ciudad.



