Miles se juegan la vida para entrar en la cuna del ISLAM

Pese a no estar entre las personas seleccionadas, la jordana Um Omar tenía claro que a sus 63 años había llegado su momento de realizar la gran peregrinación anual a La Meca. Como tantos otros, decidió infiltrarse al lugar más sagrado del islam, en una arriesgada odisea que este año se ha saldado con más de mil muertes. 

Al igual que millares de files deseosos de realizar el ‘hach’ o peregrinación mayor a La Meca y que no han sido seleccionados para emprender el deber religioso bajo las normas oficiales, Um Omar recurrió a los servicios de unas poco transparentes agencias de viaje para acceder mediante un visado de turista en vez del de peregrinación. “La empresa nos dijo que nos iba a infiltrar entre los peregrinos oficiales para hacer el ‘hach’ con ellos”, relata a EFE la jornada, que recuerda que Arabia Saudí estipula un cupo de personas anual por país para realizar los ritos, lo que exige también emplear paquetes de servicios cuyo precio supera en ocasiones los 10.000 dólares. 

La gran mayoría de los fieles “irregulares” este año se instalaron en el barrio de Al Aziziyah, en La Meca, donde los vecinos aprovechan para alquilar habitaciones a precios muy elevados, aunque bastante más asequibles que el de los paquetes de peregrinación formales. A sabiendas de esta práctica, el Ejército saudí cercó el vecindario y, en los últimos días del ‘hach’, los soldados “entraron en los hoteles, derribaron las puertas y deportaron a los peregrinos a Yeda”, según Omar, que explica que fue trasladada forzosamente a la localidad costera saudí sin su equipaje.

 Insatisfecha, la jordana insistió en regresar a La Meca con “contrabandistas”, a los que pagó cuantiosas sumas de dinero para acceder en coche al lugar santo a través de una peligrosa ruta montañosa y bajo temperaturas superiores a los 50 grados.

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