El océano Pacífico guarda a un titán prehistórico: la tortuga laúd (Dermochelys coriacea). Con 2,3 m y hasta 700 kg, es la tortuga marina más grande. Carece de caparazón rígido; tiene cubierta de cuero.

Habita los océanos desde hace millones de años, pero hoy está en peligro crítico en Ecuador; las playas de Manabí son su último santuario. Su población en el Pacífico Oriental cayó más del 90% en tres décadas. La pesca incidental, los plásticos — que confunde con medusas, su único alimento— y el cambio climático la amenazan. En Manabí, cada anidación es un milagro. Para salvarla, la Fundación Reina Laúd, organización sin fines de lucro, articula ciencia, educación y voluntariado desde 2017.
Es el primer campamento tortuguero del país, con permiso del Ministerio del Ambiente. Abarca 40 km de playas y 12 localidades, y realiza monitoreos para proteger nidadas de cuatro especies, pero la laúd es su emblema. Su trabajo es vital para la especie. Registró anidaciones en 2021, 2022 y 2026; este año liberó más de 100 neonatos y marcó satelitalmente un adulto, un hito histórico para la ciencia. En sus viveros protege más de 80 nidadas y libera entre 8.000 y 10.000 crías, con eclosión del 85 al 95%, gracias a un riguroso control de temperatura.
También rescata fauna. Promueve la corresponsabilidad local. Su Voluntariado Oceánico ofrece experiencias de tres días en monitoreo, reforestación y limpieza. Articula con asociaciones locales para dinamizar la economía. De esta forma, la conservación genera desarrollo sostenible. Invitamos a sumarse. Contacto: +593 999505641 o sede en Crucita. Las costas de Manabí tienen la oportunidad de reescribir el destino de este gigante.




