Madres, padres, hijos, primos, tíos, nietos, vecinos. Son ellos los que aguardan por ayuda en los alrededores de edificios derrumbados en las zonas más afectadas por los dos potentes terremotos que azotaron Venezuela el miércoles y que han dejado ya más de 1.450 muertos y 3.150 heridos.

Esperan por rescatistas especializados y maquinaria pesada que ayuden a remover los peligrosos escombros bajo los que anhelan encontrar a sus seres queridos. Muchos se atreven a abrirse paso entre las placas de concreto, sin protección, y sacan con sus propias manos los cadáveres que ya comienzan a descomponerse. La escena se repite en sitios como La Guaira o Caracas, y el clamor parece ser el mismo: piden más presencia del Estado.

Muchos venezolanos han denunciado una respuesta insuficiente de las autoridades y entre ellos crece la sensación de frustración e indignación. «Todos estamos bastante frustrados porque el gobierno no muestra lo que debería: una ayuda seria», dijo la caraqueña Zaira Castro a la BBC. En Caraballeada, Mileidy Romero, quien participaba en labores de rescate, declaró: «Hay un montón de cadáveres allí desde anoche. Bebés recién nacidos». Un bombero que trabaja en la zona y pidió no ser identificado dijo: «Hay edificios donde no se ha removido ni una sola piedra. No hay suficientes manos».

Numerosos venezolanos expresaron su descontento abucheando a la presidenta Rodríguez mientras visitaba zonas afectadas. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, aseguró que se han desplegado 21 delegaciones internacionales, sumando 2.242 rescatistas. Además, dijo que más de 30.000 personas están prestando asistencia. Mientras tanto, la ONU estima que alrededor de 50.000 personas se encuentran desaparecidas.

El gobierno decretó estado de emergencia y anunció el despliegue de 14.000 militares. y la incertidumbre. A más de 72 horas de los sismos, se reducen las esperanzas de encontrar sobrevivientes. Los primeros tres días son críticos para las labores de rescate. Pasado ese límite, las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen considerablemente. Sin embargo, algunos expertos mantienen esperanzas en edificios derrumbados parcialmente donde pudieron formarse «triángulos de vida».



