LA REGLA QUE LAS AULAS NECESITABAN
La decisión de otorgar a los centros educativos la potestad de regular o prohibir el uso de teléfonos celulares en las aulas es un paso valioso hacia la recuperación del espacio pedagógico. En una era de hiperconectividad, los docentes enfrentan el titánico reto de enseñar a niños y adolescentes que llegan a clases agotados, luego de trasnochar frente a pantallas, atrapados por videojuegos o redes sociales. La autonomía de las escuelas para establecer normas Esta autonomía escolar no busca satanizar la tecnología, sino devolver el equilibrio donde la supervisión familiar se ha debilitado. No todos los hogares logran establecer reglas claras sobre el consumo digital, delegando involuntariamente en la escuela la tarea de poner límites. Los expertos en psicología y salud ya advierten sobre las consecuencias de este descontrol: desde serios problemas de visión hasta afecciones ergonómicas en manos y espalda a edades tempranas. Un equilibrio entre educación y tecnología Permitir que cada institución evalúe su realidad y actúe en consecuencia es una medida sensata y positiva, que ayuda a la educación y la formación de la niñez y la juventud. El aula debe volver a ser un entorno de concentración, convivencia y aprendizaje activo, libre de la distracción constante del celular. Al final, proteger el bienestar físico y mental de los estudiantes es asegurar su futuro.



