Donald Trump asegura que Irán se encuentra en estado de colapso

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que Irán pide abrir el estrecho de Ormuz «lo antes posible» y que sus autoridades se encuentran en «estado de colapso». 
 
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado este 28 de abril de 2026 que las autoridades iraníes se encuentran sumidas en un «estado de colapso», por lo que le habrían solicitado la apertura del estrecho de Ormuz, mientras resuelven una supuesta crisis interna de liderazgo a la que Washington lleva apuntando desde hace días, en medio de las tiranteces en el proceso de negociaciones abierto para intentar alcanzar un acuerdo tras la ofensiva lanzada el 28 de febrero por sorpresa por las fuerzas israelíes y estadounidenses contra el país asiático.  
 
«Irán nos acaba de informar de que se encuentra en un ‘estado de colapso’. Quieren que ‘abramos el estrecho de Ormuz’ lo antes posible, mientras intentan resolver su situación de liderazgo (¡lo cual creo que lograrán!)», ha declarado el jefe de la Casa Blanca en sus redes sociales. El portavoz del Ministerio de Defensa iraní, Reza Talaei-Nik, ha subrayado horas antes que, en declaraciones recogidas por la cadena de televisión pública iraní, IRIB, que «Estados Unidos debe aceptar que tiene que abandonar sus demandas ilegales e irracionales» y ha resaltado que «todo el mundo considera a día de hoy a Estados Unidos y al régimen sionista (en referencia a Israel) como símbolos del terrorismo de Estado».  
 
Washington y Teherán están sumidos en un proceso de diálogo, mediado por Pakistán, para intentar alcanzar un acuerdo para el fin del conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, las diferencias en las posturas han impedido hasta ahora la celebración de una segunda reunión en la capital paquistaní, Islamabad, que acogió un primer cara a cara tras el acuerdo de alto el fuego del 8 de abril, prorrogado desde entonces sin fecha límite por parte del presidente estadounidense. El pronunciamiento de Trump se da en momentos en que el Banco Mundial hizo estimaciones de que los precios de la energía aumentarán un 23,6% este 2026, hasta alcanzar su nivel más alto desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.  
 
Esto se da como consecuencia del impacto de la guerra en Oriente Próximo sobre los mercados mundiales de productos básicos. En la última edición del informe ‘Perspectivas de los mercados de productos básicos’, el Banco Mundial presenta proyecciones que se sustentan sobre la expectativa de que en mayo finalice la fase más crítica de las interrupciones del suministro relacionadas con la guerra, tras lo que confía en que los volúmenes de transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz se recuperen gradualmente, estabilizándose en torno a los niveles previos a la guerra durante el último trimestre del año.

De este modo, suponiendo que los precios del petróleo disminuirán en la segunda mitad de 2026 debido a la recuperación de las exportaciones de crudo del golfo Pérsico, y que cualquier daño residual a la infraestructura petrolera de la región sea relativamente menor, se espera que los precios del Brent promedien 86 dólares/barril en 2026, frente a los 69 dólares de 2025, antes de volver a los 70 dólares por barril en 2027.  
 
A partir de esta hipótesis central, la institución con sede en Washington prevé que en 2026 los precios de los fertilizantes aumentarán un 31%, impulsados por un alza del 60% en los precios de la urea, llevando la asequibilidad de este producto a su peor nivel desde 2022, lo que erosionará los ingresos de los agricultores y pondrá en peligro el rendimiento futuro de los cultivos. En este sentido, según el Programa Mundial de Alimentos, si el conflicto en Oriente Próximo se prolonga, estas presiones sobre el suministro y la asequibilidad de los alimentos podrían empujar a hasta 45 millones de personas más a una situación de inseguridad alimentaria aguda este año.  
 
De su lado, se espera que los precios de los metales básicos, como el aluminio, el cobre y el estaño, se encarezcan en promedio un 42% y alcancen máximos históricos este año, como reflejo de la fuerte demanda relacionada con sectores como los centros de datos, los vehículos eléctricos y la energía renovable. En conjunto, el encarecimiento de la energía y de los fertilizantes será el principal causante de que el coste de las ‘commodities’ en 2026 se incremente un 15,5%, aunque para 2027 el Banco Mundial confía en que los precios se moderen un 12,3%, incluyendo una corrección del 17,2% en el coste de la energía y del 16,1% en el precio de los fertilizantes.  
 
Bajo los supuestos del escenario de referencia, la institución estima que las economías en desarrollo registrarán una inflación promedio del 5,1%, lo que representa un punto porcentual más alto de lo esperado antes de la guerra y un aumento con respecto al 4,7% del año pasado. El Banco Mundial advierte de que si la reapertura de Ormuz se pospone hasta después del segundo trimestre de 2026 o se produce una escalada de las hostilidades que causara daños adicionales a las instalaciones de petróleo y gas, el precio medio del barril de Brent en 2026 podría oscilar entre 95 y 115 dólares, lo que impulsaría al alza el coste de los productos básicos.  
 
Una subida mayor de lo esperado del precio del Brent tendría un efecto en cadena sobre los precios de los fertilizantes y las fuentes de energía alternativas, como los biocombustibles, lo que provocaría una subida más intensa de la inflación entre las economías en desarrollo, que podría aumentar al 5,8%, un nivel que solo se superó en 2022 durante la última década. «La guerra está golpeando la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el aumento de los precios de los alimentos y, por último, con el aumento de la inflación, que elevará las tasas de interés y encarecerá aún más la deuda», señaló Indermit Gill, economista jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Grupo Banco Mundial. 

«Las personas más pobres, que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos y combustibles, serán las más perjudicadas, al igual que las economías en desarrollo que ya se ven agobiadas por una pesada carga de deuda. Todo esto es un recordatorio de una cruda verdad: la guerra es el desarrollo a la inversa», añadió.

 

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