
Un hotel que solía recibir turistas con habitaciones con vista al mar, dos restaurantes exclusivos, piscina, spa y transporte privado, se ha convertido inesperadamente en un centro de «custodia temporal» para 299 migrantes deportados desde Estados Unidos, según informó el gobierno de Panamá el martes.
Algunos de los migrantes levantan los brazos y los cruzan a la altura de las muñecas, un gesto que sugiere estar privados de libertad, mientras que otros colocan pequeños carteles con mensajes como «No estamos seguros en nuestro país».
En circunstancias normales, los huéspedes del hotel podían entrar y salir libremente. Sin embargo, con agentes del Servicio Nacional Aeronaval de Panamá armados custodiando el perímetro y estrictas medidas de seguridad en el interior, el edificio ahora se asemeja más a un búnker improvisado que a un destino vacacional.
Desde el exterior, se observan prendas tendidas en las ventanas, incluyendo una camiseta amarilla de baloncesto con el número 24 de los Lakers, en honor al legendario Kobe Bryant. En otra ventana, un grupo de adultos y tres niños hacen un gesto internacional de auxilio, mientras que en el vidrio está escrita en letras rojas la frase «Help us» (Ayúdennos).
Más adelante, dos menores con el rostro cubierto sostienen hojas con el mensaje: «Por favor, salva a las niñas afganas».
Deportados en tránsito sin un destino claro
Estos migrantes, enviados por el gobierno de Donald Trump como parte de su política de deportación de personas indocumentadas, llegaron a Panamá en tres vuelos la semana pasada. Esto ocurrió después de que el presidente panameño José Raúl Mulino aceptara que su país sirviera como «puente» para deportados en tránsito hacia otras naciones.
Entre los 299 migrantes, provenientes de países como India, China, Uzbekistán, Irán, Vietnam, Turquía, Nepal, Pakistán, Afganistán y Sri Lanka, solo 171 aceptaron regresar a sus países de origen.
Los 128 restantes, que rechazan ser enviados de vuelta, enfrentan un futuro incierto. Según las autoridades panameñas, este grupo será trasladado a un campamento en la provincia de Darién, utilizado hasta ahora para alojar temporalmente a migrantes irregulares que cruzaban la selva rumbo a Estados Unidos.
A través de un celular oculto, uno de los migrantes denunció que en el hotel hay «varios menores atrapados», que no les han permitido contactar con abogados y que ni siquiera pueden salir de sus habitaciones para comer.
Una mujer iraní intentó ofrecer su ayuda como traductora de farsi a español, pero las autoridades le informaron que ya contaban con un traductor, algo que, según su conversación con los migrantes, no era cierto.
Mayor control y restricciones
BBC Mundo intentó contactar al hotel Decápolis para obtener información sobre las condiciones en las que se encuentran los migrantes, pero no recibió respuesta.
Tras la difusión del caso en los medios, las medidas de seguridad se intensificaron y, según la mujer iraní, se cortó el acceso a internet dentro del hotel.
Un video que circula en redes sociales muestra a una migrante explicando en farsi que fueron detenidos al cruzar la frontera de Estados Unidos y que les informaron que serían llevados a Texas, pero terminaron en Panamá.
En el video, la mujer insiste en que regresar a Irán pondría sus vidas en peligro debido a posibles represalias del gobierno. Su intención es solicitar asilo político, una opción que parece inalcanzable sin acceso a un abogado.
El panorama es aún más complicado, ya que el gobierno panameño ha dejado claro que no ha ofrecido ni ofrecerá asilo a los deportados.



