UN DÍA PARA RECLAMAR LA NIÑEZ ROBADA

UN DÍA PARA RECLAMAR LA NIÑEZ ROBADA

Cada 1 de junio, Ecuador festeja el Día del Niño con sonrisas, caramelos y juguetes. Pero la verdadera celebración no debería limitarse a un acto comercial. Sería un insulto ignorar que miles de niños y niñas en el país viven una realidad muy distinta: desnutrición crónica, trabajo infantil, violencia intrafamiliar y un sistema educativo que aún no logra cerrar brechas. Según UNICEF, Ecuador tiene una de las tasas más altas de desnutrición crónica infantil en la región. El hambre no entiende de fechas. Y mientras repartimos globos, muchos pequeños asisten a escuelas sin agua potable o profesores estables. Peor aún: el maltrato físico y psicológico sigue siendo una sombra que se cuela en sus hogares. Sería hipócrita felicitar a la niñez sin exigir políticas públicas efectivas. El Código de la Niñez es avanzado, pero su aplicación es débil. Los presupuestos municipales y nacionales rara vez priorizan la primera infancia. No se trata de regalar un juguete nuevo, sino de garantizar salud, educación y protección todos los días del año. Este 1 de junio, más que un festival, necesitamos un compromiso nacional. Que el Día del Niño sea el recordatorio de que ninguna sociedad puede llamarse justa si abandona a sus propios niños. Porque celebrar sin actuar es solo un espejismo. La niñez ecuatoriana no merece aplausos de cartón: merece derechos hechos realidad.

MANABÍ PIERDE 16.035 HECTÁREAS DE BOSQUE AL AÑO E IMPLEMENTA PLAN CON PASTO VETIVER Y APLICATIVO MÓVIL

Las inundaciones de febrero de 2024 en Chone (Manabí) causaron $13 millones en daños y evidenciaron la vulnerabilidad de la provincia.

Entre 2020 y 2022 se perdieron 16.035 ha de bosque al año, un 40% más que el promedio histórico, mientras los pastizales pasaron del 3,88% al 23,72% del territorio desde 2000, acelerando la erosión y los sedimentos (1,1 millones de toneladas anuales solo en el río Chone), y generó más de 52 millones de toneladas de CO₂ (2001-2024). Ante esto, la Prefectura impulsa un plan de reforestación 2025-2030 que combina restauración ecológica, bioingeniería con pasto vetiver y monitoreo digital.

El vetiver, con raíces de hasta 1,5 m, estabiliza taludes; se aplica en la quebrada Buenavista (Charapotó) con $125.000. El plan incluye 62.000 árboles nativos en 520 ha de corredores viales (118,8 km) para proteger infraestructura. El reto es la tenencia privada de tierras. Se aplica un modelo de corresponsabilidad: la Prefectura entrega plantas y asistencia técnica, las comunidades mantienen. Así se logra un 78% de supervivencia, frente al 50% de modelos tradicionales.

Además, se desarrolla una app para georreferenciar cada planta, recibir reportes fotográficos y, en el futuro, ofrecer incentivos digitales inspirados en África. Con proyecciones de hasta 30 días adicionales sobre 35 °C hacia 2040, la provincia apuesta por corredores verdes que reduzcan la temperatura del suelo entre 2 y 4 °C.

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