En La Habana, Rosa Valentina Pérez espera desde hace semanas una tomografía por pérdida de movilidad en las piernas. El único equipo de la capital atiende a toda la ciudad y otras provincias. El sistema de salud cubano, emblema de la revolución, está al límite por sanciones, pandemia, apagones y éxodo de personal.

Programas prioritarios como oncología, cardiología y nefrología sufren devastación. En el INOR, 1.200 esperan radioterapia; el 80% de los equipos, obsoleto. La supervivencia infantil por cáncer cayó del 85% al 65%. Solo un acelerador lineal funciona en la isla, mantenido a base de reparaciones.
Las cirugías cardíacas bajaron de 400 a 100 al año y 130 esperan marcapasos. En hemodiálisis, sesiones de 4 horas se reducen a 2 por falta de máquinas y personal. “Acortar la diálisis es acortar la vida”, dice una médica. Técnicos inventan para alargar la vida de equipos, pero incubadoras y ventiladores neonatales se apilan sin repuestos. El sistema se sostiene solo por el valor humano.



