DENUNCIADOS PERO INTOCABLES
Por la sola sospecha de corrupción, en otros países, los funcionarios públicos dan un paso al costado. En Ecuador, mientras más manchado está el funcionario, más respaldo político recibe, siempre que cuente con la bendición de quien ejercer el poder. En lugar de ser separado o tener la dignidad de renunciar, se lo nombra, por ejemplo, presidente del Comité de Operaciones de Emergencia. La ética pública vuelve al centro del debate El sentido de ser un servidor público simplemente se desapareció. No hay respeto a la institucionalidad, ni a la dignidad del cargo, ni a ese servidor honesto que por años ha aportado a construir un mejor país, y mucho menos a los ciudadanos que observan con asombro cómo funcionarios manchados se atornillan más en el cargo. Se trata de moral y ética. No se puede normalizar esta pésima práctica del poder público. No se trata de lesionar la presunción de inocencia, pero hay que entender que el cargo es pasajero y que una mancha puede lesionar gravemente la institucionalidad y agravar la desconfianza en el servicio público. La renuncia como responsabilidad política A esos funcionarios que arrastran una sombra enorme hay que pedirles que renuncien por el bien del país; así como a sus acusadores, tener la valentía de sostener sus señalamientos. Caso contrario, la política será un circo diario.



