Ecuador tiene los energéticos más baratos de Latinoamérica: gasolina extra a 3,16/galón y diésel a 3,10 (media mundial: 4,95 y4,95 y4,70); electricidad doméstica a 0,10/kWh (promedio regional:0,10/kWh (promedio regional: 0,18 – 0,19; en la UE: 0,31-$0,26).

Esta ventaja, sostenida con subsidios e hidroeléctrica, no se traduce en bienestar. Como señala el economista Carlos López: “Los subsidios eléctricos impiden invertir para evitar apagones. El sector está regulado y con pocos recursos para mejorar”. El verdadero cuello de botella son los ingresos.
Ecuador controla la inflación (2,5%), pero su PIB per cápita (6.850) está muy por debajo del promedio mundial (13.900) y de Chile (17.200) o México (12.400). El salario básico (482) cubre solo el 57,4482. En cambio, Chile alcanza el 82%, México el 75% y Colombia el 68%; incluso el promedio latinoamericano (65%) supera a Ecuador. La economista Andrea Domínguez resume: “Ecuador es un país donde la energía es barata, pero la vida no necesariamente lo es. Los precios bajos no compensan los sueldos cortos”. El desafío estructural es claro: mejorar el poder adquisitivo sin perder competitividad energética.




