TRAS DIEZ AÑOS DEL TERREMOTO DE 2016, TARQUI AÚN PELEA POR RESURGIR

En Manta, el tiempo parece haberse detenido en algunos rincones de Tarqui. A una década del terremoto del 16 de abril de 2016, la llamada “zona cero” no solo carga con estructuras a medio caer, sino con una herida abierta que aún no cicatriza.

Donde latía el corazón comercial, hoy sobreviven edificios vacíos y calles sin pulso.
Tarqui fue el eje económico de la ciudad: hoteles, comercio, pesca, vida urbana. José Julio Barrezueta, empresario que vio caer su hotel, lo resume: “Tarqui movía todo”. Pero el sismo no solo derrumbó edificios, fragmentó esa centralidad. La actividad se dispersó a otros barrios. De unos 35 hoteles, hoy quedan apenas 17.

Nombres emblemáticos como Las Rocas o Panorama desaparecieron.
La reconstrucción integral nunca llegó. Hubo apoyo para retirar escombros, pero créditos insuficientes. Barrezueta decidió quedarse y reconstruir dos pisos con esfuerzo y deuda: una forma de resistencia en zona abandonada.

Hoy, extranjeros se asoman entre grietas; edificios deteriorados sirven de refugio improvisado o alquiler mínimo. Trabajadoras sexuales buscan clientes en esquinas y los llevan a hostales vetustos. Un enorme terreno baldío, donde se prometió un mercado, es una cicatriz del olvido.
Plutarco Bowen, del sector hotelero, afirma: “Tarqui se puso de rodillas”. Faltaron políticas claras y una hoja de ruta. Diez años después, la zona cero resiste, pero no ha vuelto a ser lo que fue. Sigue esperando, entre nostalgia y esfuerzo de volver a latir.

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