
Cuando Elías, de tres años, relató a su madre los abusos de su padre (un psiquiatra infantil), Alina denunció. Pronto chocó contra un muro de silencio e impunidad. Su marido se suicidó en 2003, tras otro testimonio. «Protegió a mi hijo de sí mismo», dice a AFP. No es un caso único. En Austria, numerosos escándalos de pederastia han salido a la luz. El fundador de SOS Kinderdorf, Hermann Gmeiner, fue denunciado varias veces entre 1950 y 1980, pero nunca pasó nada. ¿Por qué tanta impunidad? La duda favorece al sospechoso.
En el caso de Elías, un informe recomendó dar al padre derecho de visita ampliado. La denuncia se archivó. En su diario, el psiquiatra confesó que eligió esa profesión para tener «proximidad» con menores. Nicole, otra madre, relata que sus nietos gemelos, de tres años, describieron posturas sexuales ordenadas por su padre mientras los fotografiaban. La justicia lo consideró «no plausible». Uno de los jueces había sido sorprendido con un menor en baños públicos, pero fue absuelto y sigue ejerciendo.



