
El sistema eléctrico ecuatoriano enfrenta un momento delicado, aunque distinto a la crisis de 2024. Hoy no hay apagones generalizados, pero sí cortes puntuales en varias provincias, especialmente en horarios de alta demanda. El país opera “al límite” entre lo que genera y lo que consumen hogares, comercios e industrias, advierte Roberto Aspiazu, presidente de la Cámara Nacional de Energía. Desde el 16 de marzo se registran interrupciones en varias zonas del país por la dificultad de cubrir la demanda pico, agravada porque parte de la capacidad debe mantenerse como reserva operativa. Como medidas de emergencia, se han solicitado 170 MW a generadores privados y se evalúa importar energía desde Colombia. Los cortes son localizados y rotativos. La fragilidad preocupa hacia el futuro. Aunque la situación no es comparable con la crisis hídrica de 2024, la falta de reserva —recomendable al menos un 20 % adicional— expone al país a interrupciones más frecuentes. El mayor riesgo es el estiaje que comenzará en octubre de 2026: sin lluvias, el déficit podría alcanzar cerca de 1.200 MW si no se toman medidas urgentes, advierte Salinas. Los expertos coinciden en acciones clave: acelerar contratación de generación de emergencia (barcazas o plantas móviles), reactivar importación desde Colombia, e impulsar soluciones estructurales como nueva generación firme (térmica a gas) y proyectos renovables con inversión privada. También proponen eficiencia energética para reducir consumo en horas pico y fomentar el autoconsumo con paneles solares mediante incentivos. En síntesis, Ecuador no vive una crisis como la de 2024, pero sí un escenario de alta fragilidad. Los apagones puntuales son una alerta. Lo que ocurra en los próximos meses será decisivo para evitar que esa alerta se convierta nuevamente en una crisis nacional.



