
La desesperación agobia a los pescadores de Manabí. A la inseguridad en altamar y los bajos precios del producto, se suma un nuevo enemigo: la jaiba mora o morada (Euphylax dovii).
Su presencia masiva, favorecida por las altas temperaturas en las costas ecuatorianas, está colapsando las faenas diarias. En caletas como San Clemente, en el cantón Sucre, las redes regresan a la orilla cargadas casi exclusivamente de este crustáceo, impidiendo la captura de especies comerciales. “No logramos atrapar otras especies, solo jaibas moradas, que se han convertido en una plaga y una pandemia”, lamentó José Zambrano, pescador del balneario.
La misma situación se repite en Crucita, San Vicente, Jama y varias caletas de Manta. El problema no es solo la escasez de pesca, sino la destrucción de las herramientas de trabajo. La gran cantidad de jaibas atrapadas termina por destruir las redes, generando pérdidas económicas difíciles de asumir. “Muchos compañeros piden préstamos para comprar sus implementos. La destrucción masiva dificulta cumplir con los pagos; es un dolor de cabeza”, explicó Andrea Zambrano, pescadora de Manta.
La bióloga marina Melina García señaló que este fenómeno, que se agudiza en época invernal por el aumento de la temperatura del mar, afecta directamente a los pescadores artesanales. “Salir a faenar se ha vuelto un trabajo en contra. La mayoría pierde sus redes y estas jaibas no son consumibles ni aptas para harinas”, advirtió. El sector estima que al menos 1.200 pescadores están afectados.
El fenómeno, presente desde febrero, amenaza con continuar si las condiciones oceánicas se mantienen. Ante la crisis que golpea la economía de más de 1.200 familias.



