
El análisis de la Encuesta Nacional de Empleo (Enemdu) entre marzo de 2025 y marzo de 2026 muestra variaciones significativas en la calidad del empleo en Ecuador. Cae la participación laboral. La tasa global pasó de 65,4% a 64,4%, reflejando un enfriamiento del mercado: menos personas se insertan en empleos formales. Baja el desempleo, pero no mejora el empleo. El desempleo nacional se redujo de 3,3% a 2,9%. Sin embargo, ese descenso puede explicarse por la migración hacia trabajos informales o precarios, no por mejores condiciones. Brecha de género. El desempleo femenino llegó a 3,7% frente al 2,3% masculino. La diferencia de 1,4 puntos evidencia desigualdades persistentes. Diferencias urbano-rural.
En ciudades, el desempleo bajó de 4,2% a 3,7%; en zonas rurales se mantuvo estable (1,6% a 1,5%). Dato clave: el empleo adecuado se desploma. Pasó de 34,2% a 32,1%. El economista Alberto Acosta-Burneo alerta sobre «186 mil empleos adecuados perdidos en 12 meses». Es decir, solo 32,1% de la población económicamente activa tiene trabajo con salario mínimo y jornada completa. Subempleo baja levemente (20,9% a 19,6%), pero afecta a uno de cada cinco trabajadores. Crece el empleo precario. El «otro empleo no pleno» saltó de 29,7% a 34,8%, confirmando más trabajos inestables. Empleo no remunerado bajó de 11,8% a 10,4%, El empleo formal retrocede (40,6% a 39,0%), mientras que la informalidad gana terreno (55,5% a 56,3%). Más de la mitad de los trabajadores ecuatorianos carecen de derechos laborales plenos, aumentando su vulnerabilidad económica. aunque sigue siendo relevante.



