
El Viernes Santo, día crucial para la Iglesia Católica, se vivió con intensa devoción en Quito y Guayaquil. Miles de fieles se congregaron en procesiones como muestra de fe, gratitud y penitencia. En Quito, vestidos de cucuruchos, descalzos y cargando cruces o cadenas, los creyentes recorrieron las calles en la procesión de Jesús del Gran Poder.
Algunos pedían trabajo, salud o suerte; otros se flagelaban con correas y ortigas en señal de arrepentimiento. El nuevo recorrido partió desde la Plaza de San Francisco, bajó por Venezuela, giró en Oriente y subió por Benalcázar, tiñendo la capital de morado entre cantos, rezos y rosas. En Guayaquil, la 66.ª edición del Cristo del Consuelo inició a las 7:00. El trayecto abarcó desde Lizardo García hasta la explanada del monumento en el Cisne II. Allí, miles compartieron un ruego común: la paz. En ambas ciudades, la jornada fue un refugio de esperanza y amor a Dios.



