EL PASADO QUE AMENAZA CON SER NUESTRO FUTURO

El precio del barril de crudo superó el centenar dólares, por primera vez desde 2022, pero una noticia que, en teoría, debería ser motivo de celebración para un país petrolero como Ecuador, se convierte en un factor de incertidumbre y preocupación. Años de desinversión y abandono del sector hidrocarburífero hoy nos pasan factura, con una capacidad exportadora actual limitada, incapaz de sacar suficiente partido a una coyuntura como esta. La escalada del conflicto con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz , arteria por la que transita la mayoría de la oferta petrolera mundial, se han convertido en amenazas que presionan cada vez más los precios, un contexto que afectará a Ecuador, que con la refinería de Esmeraldas operando a medias, se verá obligado a importar derivados de combustible a costos más elevados. En una coyuntura como esta, el Gobierno debe actuar con previsión y sin demora. Retomar, a corto plazo, la inversión en esta industria se torna urgente. Un barril más caro se traduce en mayor presión sobre el precio de los combustibles para los ciudadanos, y aunque la banda de precios vigente establece un techo a los incrementos, su sostenimiento en una coyuntura prolongada exigirá un mayor subsidio, que el fisco difícilmente podrá absorber sin consecuencias.

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