JUSTIFICACIÓN INSOSTENIBLE
En su renuncia al encargo que ejercía hasta esta semana como presidente de la Corte Nacional de Justicia, el funcionario intentó justificar una salida que el país reclamaba desde hace tiempo por lo indigna que resultaba su permanencia. Lo hizo amparándose en una defensa insostenible: aseguró que “la conformación de la terna para el Consejo de la Judicatura, presentada en julio de 2025 ante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, se realizó conforme a derecho, sin acuerdos políticos ni intereses ajenos a la evaluación profesional de los candidatos”. Sin embargo, el derecho no se agota en formalismos. Exige, de manera expresa, que quien presida el Consejo de la Judicatura tenga probidad notoria. Y fue precisamente el entonces presidente de la Corte Nacional quien, por su sola y exclusiva voluntad, incluyó en esa terna a una persona que notoriamente carecía de esa cualidad. Pretender ahora deslindarse de responsabilidad es un acto de cinismo institucional. El presidente renunciante debe hacerse cargo de sus actos. La dignidad nacional exige que deje la Alta Corte, del mismo modo que deberían hacerlo quienes lo acompañaron en una estructura que, mediante ascensos ad hoc de jueces provinciales —precarios y endebles—, ha presionado para que el poder incida en el manejo de causas de alto interés público.



