PROPUESTAS CIUDADANAS

Como en todo cambio de gobierno, los ciudadanos guardan la esperanza de mejores días para el país. Esa esperanza alimenta el ánimo, pero no es para siempre. Puede aumentar como disminuir, dependiendo de las decisiones que tome el gobernante y sus consecuencias. Más allá de ello, está en manos de los ciudadanos también construir esa sociedad en la que todos anhelamos vivir. ¿Cuál es el camino para llegar a esa sociedad anhelada? Es complicado saberlo. Lo que sí es una certeza es que ese camino no se construye con ciudadanos apáticos. Que no proponen, que no exigen, que no cuestionan o critican. Como ya se lo plasmó en un editorial anterior, el rol del ciudadano no es solo vivir la política y la democracia cada cuatro años con la efervescencia electoral. Salir a votar, esperar con ansias los resultados y luego festejar o echarse a lamentar dependiendo del desenlace. Así no. El camino a esa sociedad anhelada se lo construye todos los días. Y si existe un punto de partida, seguramente es ese: asumir el rol que tiene el ciudadano dentro de esta comunidad. Sus propuestas son tan necesarias y válidas como las que plantean los políticos. Tienen el mismo poder de cambiar vidas como cualquier otra. No sirve de nada guardarlas. Hay que sacarlas del cajón.

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