
Aunque muchos piensen que la música sacra solo suena en iglesias grandes o conciertos formales, en los barrios populares también se escucha fuerte en Semana Santa. Bandas escolares, coros improvisados y hasta parlantes viejos se activan para acompañar procesiones o rezos colectivos en las esquinas.
En lugares como Chimbacalle en Quito, Los Esteros en Manta o El Fortín en Guayaquil, los vecinos organizan pequeños recorridos con música grabada o en vivo. “No tenemos orquesta, pero mi hijo pone el parlante y se escucha bonito”, dice doña Teresa, vecina del sur de Guayaquil. El sonido puede no ser perfecto, pero el sentimiento lo es. Algunos jóvenes músicos se suman por devoción, otros para practicar. Y así, los salmos, himnos y cantos religiosos llegan a calles polvorientas y casas de caña. No hay escenario ni aplausos, pero hay fe. La música sacra se adapta y sobrevive, como todo en el barrio.



