TERREMOTO, SOLIDARIDAD Y CORRUPCIÓN

Dr. Medardo Mora Solórzano

Dr. en Jurisprudencia, Rector fundador de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, ex-Alcalde de Manta, ex-presidente del CONUEP y luego CONESUP

El pasado 16 de abril se recordaron 10 años del terremoto de 7.8 que tuvo como epicentro Pedernales, ciudad manabita situada en la frontera con Esmeraldas; por ello Manabí y Esmeraldas fueron muy afectadas por este devastador hecho de la naturaleza. Las víctimas mortales según datos oficiales fueron más de 600, pero vecinos de los lugares destruidos por este movimiento terráqueo afirman que fueron más. Ese acontecimiento puso a prueba a los ecuatorianos: levantarse de un golpe demoledor de un fenómeno impredecible. Las miles de personas directa o indirectamente afectadas han sido capaces de superar esta dura situación; para ello contaron con la invalorable solidaridad de todo el país y del exterior, solidaridad reflejada en pagar un porcentaje adicional del 2 % en el IVA por disposición de la Ley de Solidaridad expedida con esa ocasión, por contribuciones de quienes percibían remuneraciones superiores a 1.000 dólares, impuesto al patrimonio y a utilidades de las empresas, a lo que se sumaron donaciones de instituciones o personas nacionales o extranjeras. Es decir, el sentimiento humano solidario y bondadoso fue impecable. El país no ha olvidado el saqueo de los fondos para la reconstrucción Pero así como existieron personas solidarias y bondadosas, lo reprochable de esta triste recordación es la ‘viveza’ y miseria humana de quienes buscaron aprovecharse de esta desgracia para enriquecerse inescrupulosamente. Por ello en el juicio penal instaurado por la fiscal Dra. Diana Salazar, se encontró culpables de peculado al presidente del Comité de Reconstrucción Jorge Glas y al secretario ejecutivo Carlos Bernal, aunque no son inocentes los miembros del Comité, que avalaron contrataciones millonarias de obras que no correspondían a la reconstrucción; tampoco son inocentes quienes se beneficiaron con la demolición innecesaria de edificaciones, lo que además posibilitaba transportar escombros no verificados y cobrar por estas tareas. De eso no existe rastro ni prueba pero subsiste en la memoria ciudadana, mientras obras prioritarias como la reconstrucción de viviendas o de tuberías para riego que fueron destruidas, no merecieron la debida atención.

LOS PROBLEMAS DEL SECTOR ARROCERO

ARTICULO Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Ex Ministro de Comercio Exterior, Doctor en Jurisprudencia, Director de Global Trade Consulting. Presidente del Comité de Comercio de Inversiones amcham GYE
Twitter: @JCCassinelli [email protected]

Hay un sector al que siempre hay que seguir de cerca: el sector arrocero del Ecuador. No es casualidad. Más de 120.000 familias dependen directamente de esta actividad, muchas de ellas pequeños productores que cultivan entre 10 y 15 cuadras. Su economía es cíclica —trimestral o cuatrimestral— y está profundamente ligada a los resultados de cada cosecha. Por eso, cualquier alteración en este sector tiene un impacto inmediato y sensible en miles de hogares. Las cifras ayudan a dimensionar su relevancia. En Ecuador se cultivan alrededor de 280.000 hectáreas de arroz: unas 200.000 durante el ciclo de invierno y cerca de 80.000 en verano. La provincia del Guayas lidera ampliamente la producción nacional, concentrando aproximadamente el 75%, mientras que Los Ríos aporta cerca del 20%. Sin embargo, el panorama actual es complejo. El fuerte invierno registrado a inicios de año provocó una reducción estimada de al menos 50.000 toneladas en la producción. A ello se suma un verano particularmente seco, que continúa afectando el rendimiento de los cultivos. Como si esto no fuera suficiente, persiste la incertidumbre en el frente externo, especialmente en relación con Colombia y la posibilidad de que se impongan aranceles al arroz ecuatoriano, lo que limitaría eventuales salidas comerciales. Pero hay un elemento que genera especial preocupación: a pesar de que este año no existen excedentes significativos —la producción apenas cubre la demanda interna—, las piladoras no están comprando con normalidad. Esto abre la puerta a cuestionamientos sobre posibles distorsiones en el mercado. Mientras el precio oficial de la saca se ubica entre 34 y 36 dólares, los gremios arroceros denuncian que en la práctica se están pagando entre 20 y 22 dólares,niveles que comprometen seriamente la rentabilidad del productor. En este contexto, el anuncio del Estado de adquirir aproximadamente 20.000 toneladas de gramínea para estabilizar los precios resulta relevante, aunque hasta ahora no se evidencia una ejecución efectiva de esta medida. La falta de implementación concreta profundiza la incertidumbre en el sector. El resultado es claro: el productor arrocero es, una vez más, el principal afectado. La cosecha de invierno ha sido golpeada, la de verano enfrenta condiciones adversas, y miles de familias ven amenazada su estabilidad económica. A esto se suma un factor climático adicional: las altas temperaturas de la temporada, que dificultan aún más el desarrollo de los cultivos. En adelante, será fundamental monitorear la evolución de este importante estratégico. En particular, la decisión de Colombia respecto a los aranceles podría incidir en el comportamiento del mercado. Si se mantiene un acceso favorable, podría abrirse una ventana para aliviar la presión sobre los precios, que hoy muestran una tendencia a la baja a pesar de una reducción de la oferta cercana al 20%.

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