ELECCIONES EN COLOMBIA Y PERÚ

Dr. Medardo Mora Solórzano
Dr. en Jurisprudencia, Rector fundador de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, ex-Alcalde de Manta, ex-presidente del CONUEP y luego CONESUP
Colombia y Perú eligieron nuevos gobiernos. Ecuador estuvo pendiente del resultado dada la vecindad y relaciones históricas con esos países, que junto con Bolivia y Venezuela formaron la Gran Colombia con la que soñó el Libertador Simón Bolívar, que lo llevó a bloquear el proceso independentista de Guayaquil del 9 de Octubre de 1820 y lo hizo exclamar antes de morir “si mi muerte contribuye a que cesen las facciones y se consolide la unión yo bajaré tranquilo al sepulcro”. El giro regional que Ecuador no debe perder de vista Hay coincidencia en el pronunciamiento ciudadano, se ha votado en ambos países contra una izquierda populista y autoritaria que ha olvidado la postura democrática que teóricamente reivindicó; aquello explica que Colombia se haya pronunciado en favor de un candidato que más allá de sus propuestas, se presentó como radical contradictor del actual presidente izquierdista Petro. Si hubieran elecciones libres en Venezuela se votaría en contra de lo que queda del chavismo, que tanto perjuicio causó al pueblo venezolano. Bolivia eligió también un gobierno opuesto a las pretensiones del expresidente izquierdista Evo Morales, es decir existe en esta parte de América Latina una clara postura de apego a la libertad, aunque los candidatos no satisfagan plenamente las aspiraciones ciudadanas. Esta disyuntiva también la viven los países del Cono Sur: Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, incluso Brasil, no obstante su presidente izquierdista Lula Da Silva ha respetado las reglas democráticas. Los abusos de gobiernos, como Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y la honda crisis que vive Cuba, gobernadas con tesis obsoletas y tiránicas del fracasado modelo soviético-stalinista, han hecho que el ciudadano prefiera una opción contraria a esa tendencia. En nada favorece a un país mantener una confrontación política radicalizada, lo deseable es buscar unidad en objetivos de interés nacional, que posibilite enfrentar eficazmente problemas crónicos como la corrupción, la inseguridad jurídica, la crisis judicial, la falta de empleo, indispensables para la estabilidad democrática y para mejorar las condiciones de vida de la población.
“LA TASA MINERA”

Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali
Ex Ministro de Comercio Exterior, Doctor en Jurisprudencia, Director de Global Trade Consulting. Presidente del Comité de Comercio de Inversiones amcham GYE
Twitter: @JCCassinelli [email protected]
Mediante Resolución Nro. ARCOM-003/25, la Agencia de Regulación y Control Minero estableció una tasa de supervisión y control para los titulares de derechos mineros. La minería es una actividad sensible. Involucra recursos naturales no renovables, inversión privada, obligaciones ambientales, empleo, comunidades y también ingresos para el Estado. Por eso, este último debe supervisar y controlar la actividad. Pero debe hacerlo con reglas claras, proporcionalidad y seguridad jurídica. Una tasa debe responder a un servicio concreto que presta el Estado. Debe existir una relación razonable entre lo que se cobra y el costo real de supervisar o controlar. Si esa relación no está suficientemente justificada, el cobro empieza a parecerse más a un mecanismo general de recaudación. Allí surge la discusión: hay quienes sostienen que no se trata realmente de una tasa, sino de un tributo encubierto. Y si ese fuera el caso, no podría crearse por resolución de ARCOM, sino mediante proyecto de ley. La propia información técnica conocida muestra que el esquema vigente ha tenido problemas. Se ha hablado de una efectividad de cobro cercana apenas al 35 %, lo que evidencia no solo una discusión jurídica, sino también un problema práctico. Una regulación que genera resistencia, baja recaudación y dudas de proporcionalidad necesita ser revisada. El esquema actual contempla cobros variables según el tipo de minería y la fase del proyecto, calculados principalmente en función de las hectáreas concesionadas. Pero no siempre la cantidad de hectáreas refleja el verdadero costo de supervisión. Una concesión en exploración no puede ser tratada igual que una concesión en explotación. La exploración minera no es explotación. En esa etapa no existe todavía aprovechamiento comercial del recurso. Lo que existe es inversión, riesgo, estudios, permisos, perforaciones, análisis técnicos y la posibilidad, todavía incierta, de que algún día ese proyecto llegue a convertirse en una mina. Por eso, imponer una carga demasiado alta en esa fase puede desincentivar precisamente la inversión que el país necesita para descubrir nuevos proyectos. Se ha conocido incluso que algunas empresas dedicadas a la exploración habrían iniciado trámites para vender sus concesiones por el impacto económico de esta tasa. Ese dato debe llamar la atención. Si una obligación regulatoria termina siendo superior al presupuesto operativo anual de una empresa exploradora, entonces algo en el diseño debe revisarse. Por eso resulta positivo que se hable de una reforma. Si la ARCOM está reconociendo problemas de proporcionalidad, baja efectividad recaudatoria y desconexión entre el valor cobrado y el servicio de supervisión, lo razonable es ajustar la regulación. No para debilitar el control, sino para hacerlo mejor. Una tasa bien diseñada debería concentrarse en las actividades que realmente demandan mayor supervisión y que ya se encuentren en una fase productiva. Tiene sentido analizar el cobro en concesiones en explotación, licencias de comercialización y plantas de beneficio, porque allí hay operación concreta, procesamiento, movimiento económico y una necesidad más intensa de supervisión estatal. El país necesita minería responsable, pero también necesita atraer inversión. No se trata de escoger entre control o inversión. Se trata de tener ambas cosas: control fuerte, lucha contra la minería ilegal, supervisión ambiental y técnica, pero también reglas previsibles para que la inversión formal no se vaya a otros países. Ecuador necesita ingresos. El Presupuesto General del Estado requiere nuevas fuentes de financiamiento. Las regalías mineras pueden ayudar mucho, pero esas regalías solo llegarán si antes hubo exploración, inversión, descubrimiento, construcción y explotación responsable. La razonabilidad en la normativa debe imperar para su eficacia.
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