RECORDANDO AGABRIEL MARCEL

Abg. Ramiro Rivera Molina titulo

Político ecuatoriano que ocupó la vicepresidencia del Congreso Nacional entre 2003 y 2005 Profesor universitario en Universidad de las América Presidente del Grupo @elcomerciocom

En mi juventud, luego de una breve relación de ternura y desengaño con el marxismo, ya en la travesía hacia el humanismo cristiano, me encontré con reflexiones y escritos de varios filósofos que se inspiraban en la doctrina social de la iglesia y en el humanismo integral. Otros, eran críticos del determinismo materialista o del extremo individualismo. Los escritos de tres filósofos franceses me atraparon: Jacques Maritain, Emmanuel Mounier y Gabriel Marcel. En ellos encontré una fuerte crítica a las corrientes de pensamiento que ignoran la dignidad inmanente de la persona humana y una condena hacia las formas de poder que reducen lo humano a un número o pieza de la maquinaria estatal. Marcel (1889-1973) fue un filósofo y dramaturgo que estudio en la Sorbonne de París. La muerte le arrebató a su madre cuando él apenas tenía cuatro años de edad, hundiéndolo en la tristeza y el dolor. Fue criado por la abuela y una tía, lo cual no era suficiente. Evocando a su madre dirá: «siempre la he tenido presente, de una manera misteriosa, ha estado siempre conmigo». Su niñez fue sin amigos. Pero los creaba en los juegos de su imaginación. Su padre, un agnóstico, fue un diplomático y consejero de Estado. En la universidad recibió la influencia de Lucien Lèvy- Bruhl y Friedrich Schelling. Crítico del idealismo alemán de Fichte y Hegel. Recibirá la influencia de Charles Peguy, Jacques Maritain y Henry Bergson. Gabríel Marcel luego de graduarse en filosofía, se dedicó a la enseñanza en varios liceos, a la crítica literaria y obras de teatro. Sus libros más importantes son: Diario metafísico, El misterio del ser, Ser y tener, Homo Viator, El rechazo a la invocación, El misterio ontológico, Los hombres contra lo humano. Es un viaje, a partir de un mundo que ignora el valor de la persona humana y su dimensión espiritual; donde el frenesí por el crecimiento y la tecnología o la glorificación del Estado, relegan la dignidad humana. Para Marcel la búsqueda del ser, está por encima del tener. El ser cobija la integralidad de la existencia del yo con los demás. Mientras que en el tener sólo se posee o se es poseído por las cosas.En el escenario europeo y en particular la Francia de la entre guerra, ocupada por el nazismo, las ideas se polarizan en el forcejeo entre la visión estatista y el individualismo liberal. En esta atmósfera, emerge el existencialismo de Jean Paúl Sartre, Martín Heidegger, Soren Kierkegaard, Albert Camus, Simone de Beauvoir. El existencialismo de la duda, de la inquietud acerca de la vida, si ésta es digna de ser vivida. La filosofía del pesimismo. Sin nexos de trascendencia. Leamos a Camus: «una razón para vivir es, al mismo tiempo, una excelente razón para morir». El suicidio como parte de la centralidad en el existencialismo. Lo absurdo de la existencia. Sartre en su escrito El existencialismo es un humanismo (1945) considerado el manifiesto de la filosofía existencialista, afirma que Gabriel Marcel era el representante del existencialismo cristiano. Marcel rechazó tal etiquetado. Dijo que su filosofía era neosocrática. Entendida como la búsqueda de la verdad desde la eticidad. Si para la filosofía de Gabriel Marcel lo esencial es el ser antes que el tener, el amor, la fidelidad, la esperanza y la disponibilidad. Para él la reflexión filosófica no es pura abstracción, ni debe explicar todo. Cada ser humano es un portador de luz. Se vive «En un mundo sin ser de este mundo». Para Marcel, el amor «es esencialmente el acto de una libertad que afirma otra libertad». Su pensamiento acerca del ser lo coloca en las raíces del humanismo cristiano.

ORMUZ Y LA CRISIS ENERGÉTICA

ARTICULO Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Dr. Juan Carlos Cassinelli Cali

Ex Ministro de Comercio Exterior, Doctor en Jurisprudencia, Director de Global Trade Consulting. Presidente del Comité de Comercio de Inversiones amcham GYE
Twitter: @JCCassinelli [email protected]

Ante la expectativa que existe en relación con la situación del Estrecho de Ormuz y la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos, se busca intensamente que se restablezca el paso normal del transporte marítimo, pero pese a todos los anuncios, siguen existiendo restricciones. Esto ha generado una crisis energética mundial, tanto en el gas como en el petróleo, considerando que aproximadamente el 20% de la producción petrolera y gasífera del mundo pasa por este estrecho. ¿Quiénes son los grandes perjudicados? En realidad, todos. Sin embargo, particularmente la Unión Europea, debido a su alta dependencia de estos yacimientos de petróleo y del transporte de gas, especialmente con la llegada del invierno europeo, lo que ya genera incertidumbre sobre cómo se desarrollará la situación. Estados Unidos, por su parte, si bien se ve afectado indirectamente, también es un gran productor de petróleo. Lo que ha experimentado es un incremento en los precios, y como consecuencia, el impacto final recae en el consumidor. definitiva, esta crisis energética global nos afecta a todos. El transporte de carga ha aumentado sus costos, la producción de fertilizantes —que depende en gran medida del petróleo y el gas— se ha encarecido considerablemente y, además, enfrenta escasez. Esto pone en riesgo la seguridad alimentaria a nivel mundial, ya que los fertilizantes son indispensables para una producción agrícola óptima. Ecuador no es ajeno a esta situación. Si bien se beneficia de precios del petróleo cercano o superior a los 100 dólares, también enfrenta altos costos en la importación de combustibles. Al ser estos parcialmente subsidiados, se genera una presión adicional sobre las finanzas públicas del país. Esto impacta directamente en sectores como el transporte aéreo, la pesca y la logística en general, cuyos costos se han incrementado significativamente, generando un problema estructural. Habrá que mantenerse atentos. Se espera que esta crisis pueda resolverse en las próximas semanas; sin embargo, se advierte que, en caso de que el Estrecho de Ormuz sea abierto, su recuperación total podría tomar al menos seis meses, debido a la presencia de minas. Por lo tanto, incluso si se restablece el tránsito, tomará tiempo volver a una normalidad plena.

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