
El ciclón postropical Isaías dejó dos muertos y cerca de un millón de usuarios sin electricidad tras golpear la costa del Golfo de México. Las ráfagas alcanzaron los 165 kilómetros por hora antes de perder fuerza sobre Alabama. El fenómeno derribó infraestructuras en zonas residenciales y obligó a suspender operaciones en terminales aéreas y plataformas petroleras. Las ráfagas severas causaron víctimas fatales.
Cuadrillas operativas intervinieron Pensacola para reconectar el tendido eléctrico dañado. Pese a la respuesta estatal, el impacto urbano es crítico: residentes como Jonathan Ramos describieron la urgencia y el pánico por la fuerza inédita del temporal. Ron DeSantis, gobernador del estado, advirtió que el riesgo persiste. Las proyecciones indican que el agua seguirá subiendo y podría anegar vías y zonas vulnerables. La contingencia también paralizó dos tercios de la producción petrolera estatal y así evidencia la fragilidad estructural ante desvíos climáticos vinculados a El Niño.



