Carreteras cortadas, árboles caídos y tejados arrancados, pero ningún muerto ni herido grave.

Los pueblos del Pacífico mexicano resistieron el paso del huracán Polo, que tocó tierra entre las categorías 2 y 3 en Baja California Sur. San Carlos y Adolfo López Mateos soportaron ráfagas huracanadas. “El chillido del viento era de terror”, dijo Elvira Sánchez, refugiada en una escuela. AFP no llegó a la zona más afectada por un puente colapsado. La compañía estatal trabaja para restablecer la luz; las autoridades prometieron reparar viviendas y dragar calles.
Un buque militar llevó 2.000 lotes de alimentos, 8.000 litros de agua, maquinaria y un helicóptero. Tras cruzar Baja California, Polo volvió a tocar tierra en el continente; meteorólogos vigilan a Rachel, tormenta tropical que podría fortalecerse. Sánchez temió que su casa no aguantara: “Gracias a Dios, me quedaron las paredes”. El gobernador Víctor Castro prometió ayudarla con el tejado. “Tuvimos saldo blanco, sin damnificados”, dijo.



