VIOLENCIA INFANTIL EN ECUADOR
En estos días circuló en redes sociales el video de un hombre golpeando a su hijastra de nueve años, en Guayaquil. Casi simultáneamente, una madre de 21 años fue vinculada –junto a su pareja– como coautora del homicidio de su hija de 3 años en Latacunga. Son dos casos recientes de una violencia contra la niñez que ya no es excepcional. Las estadísticas públicas no muestran con claridad cuántos niños mueren cada año como consecuencia de la violencia intrafamiliar ni quiénes son sus agresores. Pero UNICEF dimensiona el problema y señala que uno de cada dos niños menores de 5 años en Ecuador sufre maltrato físico o psicológico en el hogar. Los casos que llegan a los medios son aquellos en los que la violencia se vuelve visible, pero muchas víctimas sufren en silencio dentro del hogar. Crecer expuesto al maltrato aumenta el riesgo de normalizar la violencia y repetirla en futuras relaciones. Prevenir la violencia contra los niños exige más que sancionar al agresor. Requiere que escuelas, servicios de salud, sistemas de protección social, maestros, policías y fiscales detecten señales de abuso y se actúe a tiempo. Otros países muestran lo que puede conseguir una política de protección sostenida. Uruguay tiene un sistema permanente que articula a salud, educación y protección social para detectar y atender casos de violencia infantil. Costa Rica dio rango constitucional y autonomía al Patronato Nacional de la Infancia; Chile, destina oficinas locales a detectar riesgos. Ecuador aprobó un Plan Nacional de Primera Infancia 2026-2030, aunque la protección debe abarcar a todos los niños y adolescentes y traducirse en prevención, detección temprana y seguimiento. Proteger a un niño antes de que la violencia lo lleve a un hospital, a un juzgado o a las redes sociales debería ser la medida del éxito del sistema.



