GANADEROS DE ECUADOR SE PREPARAN PARA EL NIÑO SIN UNA ESTRATEGIA PÚBLICA

Ante un posible nuevo episodio de El Niño, el sector ganadero se prepara para mitigar el impacto de las lluvias en potreros, alimentación, sanidad y las familias rurales. Carlos Bermeo (Balzar) advierte que las inundaciones convertirían los caminos en lodo, afectando la salud y la educación de sus 50 trabajadores y sus familias; urge limpiar canales como primera prevención. Las experiencias previas son duras: la Cepal registró pérdidas por $31,1 millones en 1982‑1983 y $14,5 millones en 1997‑1998 debido a estrés, pérdida de peso y enfermedades. Rommel Caiza, de la Espol, señala que entre 2000 y 2026 Ecuador vivió 19 años atípicos 12 con El Niño y 7 con La Niña, borrando la “normalidad” climática.

Aunque se han identificado zonas agrícolas vulnerables, falta mapear el riesgo específico de la ganadería. “Los primeros respondientes al final somos nosotros mismos”, enfatiza. Luis García, dirigente de El Salitre, insiste en mantener reservas de pasto de corte, panca de arroz, maíz y rechazos como banano o caña. Sin embargo, una enfardadora cuesta unos $34.000, una inversión inalcanzable para el pequeño productor, y no existe una reserva estratégica nacional de panca; ya se aprobó un proyecto en Balzar para acopiarla. Con calor, humedad y lodo aumentan los riesgos sanitarios: lesiones podales, mastitis, coccidiosis y estomatitis vesicular. La prevención incluye vacunación, limpieza de corrales y reporte oportuno a Agrocalidad. El plan nacional anunció $19,7 millones, sin desglose para ganadería.

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