LEVANTAR EL OPTIMISMO

Uno de los puntos sensibles en las actividades económicas privadas es la confianza. Empresarios y consumidores planifican según cómo se conduce el país, cómo reacciona la región y cómo se percibe el futuro. Las familias ecuatorianas no han dejado de comprar, pero priorizan los gastos esenciales y los descuentos, postergan compras grandes y sienten un temor constante a perder su empleo. Según el Índice de Expectativas Empresariales (IEE), las compañías mantienen sus operaciones, pero -muy similar a la situación de las familias- evitan asumir grandes riesgos. Invierten lo estrictamente necesario y restringen los planes a largo plazo. Según las mediciones del Banco Central, el área rural, a diferencia de lo urbano, muestra un mayor nivel de confianza que las ciudades. La explicación es que dependen menos del mercado laboral formal y, por ende, reciben menos impacto de la volatilidad de los precios urbanos. Consumidores y empresarios perciben inestabilidad política y regulatoria, el impacto de la inseguridad en la economía y la debilidad del consumo El Estado debe levantar el optimismo para lograr un cambio. Para esto se requieren mensajes que aseguren que existe un plan firme hacia el futuro, que las reglas se mantendrán. La seguridad jurídica es uno de los puntales, así como la independencia judicial. Esta es una tarea pendiente. Reducir la informalidad también se convierte en uno de los problemas a resolver. Esta impide que la nueva riqueza sea bien distribuida y genere empleo. No es suficiente con el nivel de consumo actual. El país puede hacer mucho más.

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Las familias ecuatorianas no han dejado

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