En solo 35 días, entre el 24 de junio y el 28 de julio de 2026, el mundo registró seis episodios sísmicos de magnitud 6.

El primero fue un doble terremoto en Venezuela (M7,2 y M7,5) que dejó más de 5.000 fallecidos, graves daños y cortes de servicios. Al día siguiente, Japón sintió un sismo de M6,9 frente a Iwate (prof. 51 km). El 26 de junio, Filipinas registró un M6,5 en el mar de Célebes, posible réplica de un terremoto previo de M7,8. El 30 de junio, un temblor de M6,1 sacudió Sinaloa, México, sin víctimas.
El 17 de julio, un sismo de M7,3 sacudió las costas de Chiapas, lo que activó protocolos de emergencia y generó alarma, aunque sin reporte de víctimas. Finalmente, el 28 de julio, un M6,8 golpeó Kumamoto, Japón, con evacuaciones y breve alerta de tsunami. La mayoría de estos movimientos ocurrieron en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Los especialistas subrayan que, pese a la seguidilla, cada sismo responde a la dinámica de placas y no necesariamente están conectados entre sí.



