¿PRUDENCIA O SUICIDIO DEMOCRÁTICO?

En medio de un contexto de irregularidades, al sector empresarial le ha costado admitir que su ‘elocuente silencio’ es parte de una expresión de temor ante el Gobierno. Algunos gremios han preferido verlo como un gesto de prudencia que prioriza el diálogo para evitar toda confrontación. Un argumento que puede sonar razonable, pero que termina siendo peligroso, porque cuando el silencio se empieza a sentir como estrategia permanente surge el riesgo de legitimar todo lo malo que acontece. En medio de cuestionamientos por la falta de independencia entre las instituciones del Estado, casos de corrupción y el acoso a la prensa, buena parte del sector empresarial ha optado por el bajo perfil, sin reparar en que hacer sociedad exige, precisamente, ayudar a construirla, pues de ello depende el desarrollo del país y la generación de nuevas riquezas. El diálogo también exige que el Gobierno escuche Pero la responsabilidad no solo debe ser del empresariado. El Gobierno también debe aprender a construir consensos y permitirse escuchar a un sector que, con todos sus intereses particulares, tiene mucho que aportar. Un empresario que calla ante la destrucción institucional podría operar, momentáneamente, pero pierde algo mucho más valioso: los cimientos de un país, clave para la estabilidad futura de cualquier negocio.

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