
El pasado jueves, Venezuela vivió un hecho que muchos califican de milagro: el rescate con vida de Hernán Gil, vigilante de 43 años, quien permaneció ocho días atrapado bajo los escombros de un edificio en Catia La Mar, estado La Guaira.
Gil quedó confinado en su garita de seguridad tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la región el 24 de junio. La estructura de la caseta le sirvió de escudo protector frente al desplome. Desde el domingo, los equipos de rescate lograron contactarlo y le suministraron hidratación y medicación mientras diseñaban la estrategia para liberarlo.
La operación internacional comenzó formalmente el lunes a las 10:00 hora local y se prolongó casi 72 horas. Más de cien especialistas de Venezuela, Chile, Estados Unidos, Portugal, Costa Rica, El Salvador y México trabajaron de forma coordinada. La inestabilidad estructural y el riesgo de colapso de un edificio vecino obligaron a reforzar cimientos con madera y hierro. Cristian Vera, jefe del equipo chileno, destacó la complejidad del acceso y la necesidad de abrir dos rutas simultáneas para llegar hasta Gil.
Hernán Gil sobrevivió gracias a un sistema improvisado que le suministraba aire por un tubo y líquidos por sonda. Videos difundidos por Bomberos de Chile lo muestran respondiendo a indicaciones, aunque con signos de desgaste físico y un ojo visiblemente afectado. Su esposa, Gusbimar González, permaneció en las inmediaciones desde el inicio de la emergencia, aferrada a la esperanza.
El rescate de Gil se convierte en un símbolo de esperanza en medio de la crisis humanitaria que atraviesa Venezuela tras los terremotos. Según cifras oficiales, 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y 50.000 desaparecidos. La ONU estima que entre 2.500 y 3.000 rescatistas extranjeros se han desplegado en el país. El gobierno decretó siete días de duelo; su historia es símbolo de resistencia y solidaridad. Aún sin fecha de recuperación, su rescate es el “milagro de La Guaira”.



