
«En redes y grupos de WhatsApp, misma imagen se multiplica como un grito: afiches con la palabra «Buscamos». Entre los rostros está la ecuatoriana Kena, su esposo venezolano Nelson y su hijo Fernando, de nueve años. Vivían en uno de los edificios que colapsó en Catia La Mar, Venezuela. Su cuñada, Martha Bravo, dice que el inmueble de ocho pisos se desplomó. «Cada minuto es vital, siguen ahí, entre los escombros. Necesitamos maquinaria, que no desistan», implora. La madre de Kena, también ecuatoriana, permanece desde el jueves frente a las ruinas, esperando noticias de su hija, yerno y nieto.
«Ruega por ayuda, pide que no abandonen la búsqueda», acota. La angustia también se vive en una iglesia evangélica de Caracas, donde voluntarios registran datos de ecuatorianos desaparecidos para ubicarlos. En Ecuador la desesperación es igual. Yarubi Sulbarán, venezolana en Cuenca, acudió a la Cruz Roja del Azuay por sus dos hijas, residentes en La Guaira. Durante todo el jueves ignoró su paradero. Al caer la noche supo que estaban con vida, pero graves: una tiene fracturas en ambas piernas y requiere cirugía urgente.
Antes, le informaron que su hermano y su familia murieron en el terremoto. Mientras los rescates, los familiares usan la plataforma ciudadana «Desaparecidos Terremoto Venezuela» para reportarlos. No es oficial. Hasta ahora, 60.925 personas han sido reportadas desaparecidas. De ellas, 51.681 sin contacto y 9.244 localizadas, aunque el portal no precisa si están vivas o muertas.



