Tras tres meses de hostilidad (7.000 muertos e incertidumbre), EEUU e Irán pactaron una tregua. La firma, el viernes en Ginebra según Pakistán, abre 60 días para un pacto definitivo.

El acuerdo aborda tres frentes: Ormuz, nuclear y sanciones. Primero, la reapertura del estrecho, clave energética, se concretará tras la rúbrica (anunció Trump), aliviando mercados y abaratando el Brent. Segundo, el programa nuclear: Teherán lo declara pacífico, pero Occidente exige garantías. Washington propone entregar uranio enriquecido, congelar el enriquecimiento 20 años y readmitir inspectores de la ONU, a cambio de incentivos económicos graduales (será de los últimos puntos).
Tercero, el alivio de sanciones —por nucleares, DDHH y apoyo a Rusia—, que europeos (Reino Unido, Alemania, Francia, Italia) revisarían si hay avances. Sin embargo Irán exige incluir el cese en Líbano, condición que depende de Israel (con operaciones en Beirut). Esta exigencia es el principal escollo para una paz duradera.



