LA BATALLA DE PICHINCHA: MÁS QUE UN ECO HISTÓRICO
El 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, un puñado de patriotas selló con sangre la independencia de la Real Audiencia de Quito. Aquella gesta, liderada por el mariscal Antonio José de Sucre, no fue solo una hazaña militar: fue el parteaguas que nos devolvió la esperanza de forjar un destino sin cadenas. Hoy, a dos siglos de aquel sacrificio, el recuerdo de los próceres —desde el gran Sucre hasta los anónimos quiteños que enfrentaron la metralla realista— debe interpelarnos. La batalla no terminó en el cerro. La verdadera lucha sigue siendo construir un Ecuador soberano, justo y equitativo. Las balas callaron, pero persisten desigualdades, corrupción y desmemoria cívica. Este nuevo 24 de mayo no puede reducirse a un desfile militar o a un feriado más. Urge refundar el orgullo patrio en acciones concretas: valorar la diversidad, proteger la naturaleza, exigir transparencia a nuestros gobernantes y honrar a quienes dieron su vida por una tierra libre. La Batalla de Pichincha no es un eco muerto; es una llama que exige ser avivada cada día. Que este aniversario nos encuentre unidos, no en la retórica, sino en la valentía de transformar el Ecuador que heredamos. La independencia plena aún está en nuestras manos.



