LA TRAMPA SILENCIOSA DE LAS 'CUOTITAS'
Las limitaciones del crédito para las familias han causado que crezca una oferta que ya es un verdadero dolor de cabeza en el país. La compraventa de productos en ciertos locales comerciales a cuotas, sean electrodomésticos o dispositivos electrónicos, es una práctica que raya en el abuso y que, según denuncian los consumidores, es casi extorsiva. Pese a que la oferta de los locales comerciales señala que los pagos mensuales para adquirir televisores, refrigeradoras, celulares y otros artículos son accesibles, en realidad el crédito directo se presta como excusa para clavar hasta seguros de salud y vida a compradores incautos. Sin control de las autoridades, hay recargos no explicados que —dicen— son necesarios para el crédito: seguros obligatorios, membresías, gastos administrativos, emisión de estados de cuenta, recargos por mora y gastos de cobranza. La carga hace que el valor total aumente entre el 68% y el 100%. La ganancia de los locales comerciales, asentada en la falta de liquidez o ingresos insuficientes, está en que el cliente no pueda pagar y se puedan acumular cobros por multas y refinanciamiento. Es decir, que el cliente tropiece por el mismo tipo de crédito. Estas compras se anuncian con “cómodas cuotas”, que en promedio no superan los $200, significan el 61% del total del crédito, y no salen de la banca privada. Así, sin control de lo que hacen a los clientes y sin supervisión estatal, los ecuatorianos adquieren bienes y productos para el ocio o el trabajo con el dinero que no tienen y pagando intereses de usura que enriquecen –manera inmoral, aunque no ilegal– a unos pocos. Las autoridades deben facilitar espacios efectivos de reclamo, endurecer los requisitos para estos créditos y controlar los recargos de locales comerciales que lucran de la precaria educación y debilidad económica de los ecuatorianos.



