ENFOQUE DE DESAFÍO
El Gobierno impuso un nuevo toque de queda hasta el 18 de mayo, pese a que recibió varias solicitudes para que no lo ejecute en todas las ciudades y provincias. La justificación, nuevamente, fue la seguridad. En el caso de Quito, las autoridades sostienen que el toque de queda evitará que la delincuencia cause tantos estragos como en la Costa. La mejor solución, justifican las autoridades, es encerrar a la población sin dar opciones —ni siquiera— de zonificación. Por esto, aunque el último toque de queda contribuyó a elevar los niveles de aprobación gubernamental, este podría generar el efecto contrario. Hay malestar sobre esta decisión. Empresarios, gremios, academia y líderes de opinión que expusieron sus argumentos en contra de la restricción deben analizar si su postura merece una mejor organización y exhortar a que la población haga una evaluación más objetiva de los beneficios y perjuicios de medidas extremas, como encerrar en casa a millones de personas, y cuestionar si es la única alternativa para bajar la tasa de homicidios. Cabe preguntarse por otras formas de enfrentar la inseguridad sin afectar la economía, dado que un encierro no impide, por ejemplo, que las extorsiones ocurran durante el día. Por lo pronto, no existe una estrategia nacional clara para frenar las extorsiones, un problema generalizado que afecta con especial dureza a emprendedores, negocios unipersonales, y pequeñas y medianas empresas. No se trata de aceptar órdenes sin cuestionamientos en nombre de la seguridad, sino de promover un debate constructivo. Estado y sociedad deben trabajar juntos para encontrar soluciones a la inseguridad sin afectar la economía ni las libertades fundamentales.



