PROFUNDA CRISIS DE ARANCELES
La guerra comercial entre Ecuador y Colombia es política. Los gremios empresariales de Ecuador – incluso los que guardan mayor cercanía con el presidente Daniel Noboa– y los de Colombia coinciden en que el alza desmedida de los aranceles carece de sustento técnico y pone en riesgo la supervivencia de la Comunidad Andina de Naciones. Al reclamo se suman comerciantes, transportistas, industriales, exportadores, académicos, alcaldes de poblaciones fronterizas, hasta la Iglesia. El rechazo es total. El incremento arancelario, pese a los esfuerzos del sector privado, escaló del 30% al 50%, llegando al 100% la semana pasada. La medida mata el comercio binacional que asciende a $2.000 millones, fomentando el contrabando en la porosa frontera de 586 kilómetros. Tal como la cocaína ingresa desde Colombia, también ingresa el contrabando por unos 72 pasos clandestinos. El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, aseguró que “Ipiales está en ruina, empresas en Cali y en otras partes seriamente afectadas, empleos que se pierden”. Las poblaciones de Carchi, en Ecuador, y Nariño, en Colombia, son quizá las más afectadas. El paso fronterizo de vehículos ha disminuido en un 90%. El arancel dejará pérdidas millonarias si se pretende esperar cuatro meses para la posesión de un nuevo presidente en Colombia. Con el precio de los combustibles al alza, en gran parte debido a la guerra en Irán, la población no está exenta de la inflación. Es un año electoral y, aunque Ecuador no tiene mucho control sobre la presión inflacionaria desde el exterior, sí puede evitar ponerle el pie a su gente.



