
En la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV presidió por primera vez la Misa Crismal del Jueves Santo. En su homilía, afirmó: “Somos, junto con todos los bautizados, el Cuerpo de Cristo, ungidos por su Espíritu de libertad y de consuelo”. Subrayó que la Iglesia es “enviada, no estática” y vinculó ese envío con el desprendimiento:
“No hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento, no hay alegría sin arriesgar”. Explicó que la misión comienza por “la reconciliación con nuestros orígenes” y “hacer las paces con el pasado”, proceso que se renueva “en cada nuevo comienzo”. Durante la liturgia se bendijeron los óleos para bautismos, confirmaciones y unción de enfermos. El pontífice recordó: “La cruz es parte de la misión” y concluyó: “Renovemos nuestro ‘sí’ a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos!”.



