
Mientras en Estados Unidos empresas como Neuralink avanzan con cautela en ensayos clínicos, China decidió pisar el acelerador. El país asiático se convirtió en el primero en aprobar el uso comercial de un chip cerebral: el NEO, desarrollado por Neuracle Medical Technology, en Shanghái. El sistema, del tamaño de una moneda, integra una interfaz cerebro-computadora (BCI), electrodos de EEG, transmisores de señales neuronales y software para decodificar la actividad cerebral. Nada inquietante, claro.
Está dirigido a personas de 18 a 60 años con parálisis en extremidades por lesión medular. Su función: traducir pensamientos en acciones. Al imaginar mover una mano, el paciente controla una prótesis externa. Es rehabilitación con cables invisibles. Según datos citados por Nature, el dispositivo se probó 18 meses en 32 pacientes sin efectos secundarios. Logró interpretar señales motoras con éxito. El avance coloca a China por delante en la fase comercial, mientras Occidente sigue atrapado en protocolos.



