
“Cuando él salía a trabajar, yo rapidito sacaba mi uniforme y me iba al colegio. Antes de las 12 tenía que regresar”, recuerda Kandy (nombre protegido), quien a los 15 años fue forzada a unirse con un hombre mayor. Hoy tiene 29, vive en Guayas con sus tres hijos y su historia refleja una realidad que persiste en Ecuador: el 26% de las mujeres entre 18 y 49 años se casaron o unieron antes de los 18, según INEC y Unicef. En el Día Internacional de la Mujer, la cifra resuena como alerta: una de cada cuatro mujeres adultas empezó su vida en pareja siendo niña. Aunque el matrimonio infantil está prohibido desde 2015, la práctica continúa, invisibilizada y normalizada. “No todas las violencias dejan marcas visibles.
Las uniones tempranas implican relaciones desiguales y la destrucción del proyecto de vida de las adolescentes”, advierte Catalina Vaca, representante de Plan International Ecuador. El problema es más profundo en algunas provincias. En Manabí, el 36.7% de las madres adolescentes han vivido en unión libre. En Esmeraldas y Guayas, uno de cada cuatro embarazos adolescentes ocurre en ese contexto. Detrás de estas cifras hay pobreza, falta de educación sexual integral y normas sociales que asignan a las niñas roles de cuidado desde la pubertad. El embarazo adolescente es causa y consecuencia: empuja a la unión y la unión lo profundiza, cerrando las puertas de la escuela. En esta fecha de reflexión, garantizar que una niña pueda estudiar y decidir sobre su cuerpo no es un ideal, es una urgencia nacional. Erradicar las uniones tempranas debe ser prioridad para construir igualdad real.



