
El asesinato de Stalin Rolando Olivero Vargas, alias Marino, la noche del 7 de enero en una exclusiva urbanización de Samborondón, es una de sus primeras y más contundentes evidencias.
Alrededor de 15 hombres vestidos como policías y militares irrumpieron en la urbanización Mocolí Golf Club. En una operación de apenas cinco minutos, ejecutaron a Marino y a sus dos acompañantes, Jefferson Xavier Sanlon Olivero y Richard Josué Mina Vergara (todos con antecedentes), e hirieron a dos guardias.
El coronel Javier Egas, jefe del distrito, detalló que los atacantes fueron directamente a la cancha donde los tres, que no residían allí, jugaban deporte por invitación. “Los ahuyentaron disparando al aire”, precisó.
Una fuente policial indicó que Marino era seguido desde hacía tres años, vinculado a Los Lagartos y al control de actividades ilícitas en el sur portuario de Guayaquil, donde presuntamente “contaminaba embarcaciones con droga”. Se le señalaba como autor intelectual de varios crímenes, incluido el del exagente José Luis Cantuña en 2025, en medio de disputas por territorio.
Pese a su alto perfil, no tenía boletas de captura vigentes y, según análisis migratorios, habría pasado tiempo en Dubái, manteniendo un elevado poder económico. El hecho encaja en el diagnóstico de analistas consultados por EXTRA. Manta, Viernes 09 Enero 2026 Kléber Carrión señaló que la fragmentación eleva la violencia al impulsar luchas internas.
Nelson Yépez apuntó a alianzas móviles, donde cambiar de bando es táctica, no traición. Renato Rivera, de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado, explicó que los vacíos de liderazgo generan estructuras más volátiles y agresivas.



