LIBERAR EL COMERCIO DEL ASFALTO
El asfalto se ha convertido en uno de los problemas nacionales para el mantenimiento de la red vial, que tiene más de 10.000 kilómetros. Los conductores y usuarios de las vías en todo el Ecuador sienten las consecuencias. Hay tramos de ciertas carreteras que se han vuelto en extremo peligrosos –en ciertos casos, letales–; sucede, por ejemplo, en Santo Domingo y Esmeraldas. La responsabilidad es compartida y no recae únicamente en las autoridades locales o en el ahora llamado Ministerio de Infraestructura y Transporte. No se trata solamente de falta de gestión, pues hay escasez de material para tapar los baches o construir mejores vías. La Refinería de Esmeraldas es la protagonista de un monopolio estatal que está bien protegido. Esta planta produce el asfalto que debería abastecer a todo el país, pero es insuficiente y la importación es prácticamente inexistente. Aunque es habitual la demora en la entrega de material en territorio ecuatoriano, este año la situación se agravó por el incendio de la Refinería el 26 de mayo de 2025. Más de un mes después, el 31 de julio, Petroecuador informó que el complejo esmeraldeño retomaría su operación, lo que debía reanudar el despacho de asfalto a partir del pasado 10 de agosto de forma progresiva. Sin embargo, el material producido en ínfimas cantidades se distribuye a cuentagotas. Las necesidades de los gobiernos locales, prefecturas y contratistas es grande pues pronto volverán las lluvias y será inútil asfaltar. Es buen momento para que se analice seriamente la necesidad de liberar la importación de asfalto, incluso sin subsidiar las compras internacionales que no sean emergentes. Los monopolios estatales jamás resultan en buenos negocios, pues solo causan inconvenientes para los ciudadanos. El país y sus carreteras no pueden depender únicamente de la vieja refinería estatal para poder acceder al asfalto.