
Miguel Ángel Castro Pingarrón
Presidente de la Junta Cívica de Manta [email protected]
A propósito de los Juegos Olímpicos París 2024, el mundo esperaba expectante la inauguración de esta nueva edición de las Olimpiadas, en un mundo azotado por la violencia, la guerra, el terrorismo, las crisis económicas y políticas, los juegos vendrían a ser el bálsamo que ayudaría a suavizar los duros momentos que vivimos. Pero la sorpresa fue desagradable un espectáculo denigrante donde se intenta instaurar y normalizar una cultura “woke”, haciendo apología a la pedofilia, el vouyerismo, prácticas antinatura que constituyen una serie de parafilias y prácticas aberrantes. Además del desagradable espectáculo y para terminar con broche de oro, no podía faltar; como no podía ser de otra manera, la burla y el irrespeto al credo y la fe de millones alrededor del orbe, parodiando con personajes exhibicionistas y grotescos, “La Última Cena” de Leonardo DaVinci. Todos debemos entender que la libertad de creencias constituye un derecho humano garantizado por por la Declaración Fundamental de los mismos; y por lo tanto debe primar el respeto de los que creen y aún de los que hemos decidido no hacerlo. Es inconcebible que el ministro de cultura de Irán reclame respeto, ya que para el Islam; Jesús constituye uno de sus profetas principales, mientras la cabeza visible de la Iglesia de Roma calla vergonzosamente. La participación de un violador de una niña de 12 años compite por Países Bajos, dos pugilistas de sexo masculino participan en la categoría de box femenino. No sólo la inauguración ha estado viciada de este mal, los juegos mismos ya han conseguido escandalizar a todos. Si Europa parece haber perdido la batalla, en Hispanoamérica no debemos permitir que colectivos que representan a pocos quieran imponer la dictadura de su ideología a todos, recuperemos para nuestros hijos y nietos los valores tradicionales, rescatemos a nuestros jóvenes de ésta oscura ideología que responde a mezquinos intereses. Que desde aquí, desde este puerto anclado en Ecuador se encienda la antorcha de la libertad, el amor al prójimo, la acción bienhechora y las buenas costumbres que van a ayudar a construir una mejor sociedad.



