
Entre las montañas de la ruralidad de Rocafuerte, provincia de Manabí, sus lugareños avizoran una luz de esperanza en medio del desalentador panorama para el agro.
En la comunidad de San Antonio residen 50 familias, todas dedicadas y dependientes de sus tierras. Cuando la época del maíz se acaba o termina siendo mala, se miran las caras, sufren por los ingresos y las deudas los atoran.
Sin embargo, en medio de la sequía de posibilidades para subsistir, los campesinos han recibido semillas de esperanza. Estas han llegado a través de un proyecto que busca impulsar la siembra del camote de pulpa anaranjada, variedad toquecita, una proyección que ha sido trasladada a comunidades de 8 cantones de Manabí, con el apoyo del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) y Kopia, la Asociación de Korea para la Innovación de la Agricultura.



