LA CUESTIÓN VENEZOLANA

La reunión entre el presidente Donald Trump y la encargada del poder en Venezuela, Delcy Rodríguez, es una de las muestras más claras de la política exterior de Estados Unidos. Es un movimiento de total pragmatismo por los intereses económicos del país del norte. En la práctica, la recuperación democrática de la nación caribeña está supeditada al blindaje de los millonarios acuerdos petroleros impulsados por Trump. Fueron 15 minutos de reunión, donde Trump había dejado en claro que se necesitan elecciones libres en ese país, pero sin dar fecha. Voces del Gobierno estadounidense, recogidas por medios de ese país, dicen que esto puede suceder en 2028. No obstante, la presión de la diáspora venezolana se sintió ayer en varios países y en redes sociales. Incluso aparecieron voces que aseguraban sentir el abandono de los aliados a los demócratas venezolanos. El Gobierno de Trump debió aclarar su postura con una obviedad: que están conscientes que ella no ha sido elegida por el pueblo venezolano. Nada más. Esto sucede mientras María Corina Machado, líder de la oposición al chavismo, busca maneras de ingresar a su país. Lo ha intentado en siete ocasiones sin éxito. Y hará un intento adicional con un regreso masivo, que implica la compañía de una delegación internacional. ¿Apoyar el pragmatismo estadounidense o las elecciones libres en democracia? La región, incluido el gobierno de Ecuador que apoyó a María Corina Machado, debe tener una postura sobre su retorno y la reactivación de las relaciones diplomáticas con Venezuela.

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