POLARIZACIÓN Y ELECCIONES

La polarización política mantiene copado el debate nacional. Se discute si uno es mejor que el otro, o cuál muestra mayor agresividad o debilidad. Ambos son implacables con quienes consideran sus apoyos o sus enemigos. No hay punto medio. Así el proceso electoral adelantado, que avanza en el país bajo la alerta del fenómeno de El Niño, todavía no tiene discusiones profundas sobre cuál es el candidato que ayude a resolver los verdaderos problemas de cada ciudad. A menos de tres meses, la indecisión de los electores es muy alta. Esto conviene a algunos candidatos que prefieren darse a conocer por su apoyo o rechazo al gobierno, o al alcalde o prefecto saliente. Pero esas peleas que están en redes sociales no sirven cuando se deben enfrentar graves problemas como falta de agua potable, alcantarillado o conexiones de buses o de espacios de esparcimiento seguros para los menores de edad. De nada sirve la polarización al momento de ajustar los catastros, crear ayudas para las madres trabajadoras, controlar y sancionar la corrupción municipal. Ser enemigo o amigo de un gobierno no influye en el momento de iniciar una limpieza de pipones en una administración local. Los políticos y sus asesores tienen la obligación ética de comunicar sus propuestas más allá de la polarización. Y los votantes tienen la oportunidad de decidir si cierran las puertas a los más rabiosos en redes para dar paso a las mejores propuestas que ayuden a las ciudades y sus peores problemas.

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