EL NIÑO EN ECUADOR

La alerta roja decretada por el fenómeno El Niño no debe provocar pánico, pero sí algo mucho más importante: preparación. El evento climático ya está en desarrollo y sus primeras consecuencias se sienten, entre ellas en la pesca, afectada por la migración de especies debido al calentamiento del océano. Todavía no existen certezas sobre la intensidad que alcanzará El Niño ni sobre la magnitud de sus efectos, entre ellos las lluvias torrenciales. Ojalá que las precipitaciones no lleguen a extremos capaces de paralizar al país, afectar la agricultura, golpear la economía y poner en riesgo el bienestar de las familias, especialmente de aquellas que viven en zonas vulnerables. Gobierno y municipios deben reforzar la prevención Pero mientras llega mayor claridad, hay una obligación ineludible: prepararse para el peor escenario posible. Gobierno, municipios y población deben revisar drenajes, vías, sistemas de alcantarillado, albergues, rutas de evacuación y mecanismos de respuesta. Es mejor exagerar en la prevención que lamentar después la falta de previsión. Los pronósticos internacionales permitirán conocer con mayor precisión, hacia fines de septiembre, la fuerza del fenómeno. Por ello, la alerta roja debe convertirse en acción, porque cuando llegue la certeza podría ser tarde.

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