
La búsqueda de Mónica Luzuriaga, funcionaria del Ministerio de Educación, terminó en tragedia. Reportada como desaparecida por su esposo Carlos Molina la noche del 27 de julio, fue hallada sin vida al día siguiente en un hotel del norte de Quito. Tenía 38 años y trabajaba en Compras Públicas.
Su último contacto fue una llamada a las 19:25, en la que dijo que salía del trabajo hacia su casa en El Ponciano; luego su teléfono se apagó. Molina denuncia una sobrecarga laboral que, afirma, afectó su salud emocional. “Mi esposa estaba demasiado saturada. El domingo a las 21:30 seguía recibiendo mensajes”, relató. Añadió que incluso estando de vacaciones debió ir a la oficina y temía ser despedida.
La familia atravesaba además el duelo por la muerte reciente de un hermano de Mónica, cuyo cuerpo ella encontró, lo que le generó sentimientos de culpa. La Policía no halló signos de violencia y la causa de la muerte depende de Medicina Legal. El Ministerio no se ha pronunciado; la Policía investiga.



