La alerta por El Niño, conocida por el gobierno desde marzo, solo en las últimas semanas activó una semaforización amarilla y respuestas iniciales.

Pero el riesgo silencioso es que enfermedades y plagas se propaguen sin control en el agro ecuatoriano, sin infraestructura ni plan de contingencia. En el cacao, Jorge Marún (APROCAFA) denuncia: “No hay plan de prevención, ni difusión, ni transferencia de tecnología” de parte de los GADs. La mazorca negra (Phytophthora) ya predomina incluso en sequía. “Con un invierno fuerte habrá mayor incidencia y mata árboles”. Un productor pierde 4-5% de sus árboles por año: en una hectárea de 1.200, quedan 400 menos en una década. Marún recomienda drenajes, monitoreo y resiembra.
En Los Ríos, 20.000 hectáreas sufrieron por clima y 5.000 se perdieron. En el banano, Segundo Solano (ABO, El Oro) advierte que el Fusarium R4T (zona cero en Santa Rosa) tarda 6-7 meses en mostrar daño. Las recientes inundaciones pudieron propagarlo, y cuando se detecte, el margen de reacción será nulo. ABO estima caídas de productividad del 40- 50%, más Sigatoka negra y moko. Solano exige un “plan nacional de contingencia agropecuaria”. Alex Bustos (ONU) explica que calor y humedad aceleran plagas: se reproducen más, se alimentan más. Afectará mango, café, y también ganadería por pérdida de pastos. Ecuador abusa de agroquímicos: 17 kg/ha/año (doble del promedio regional).
Pero paradójicamente es líder en productos orgánicos para UE y EE.UU. La solución: microorganismos benéficos y materia orgánica, que abaratan costos hasta 60%. El Ministerio de Agricultura ofrece $4 millones para seguros agrícolas. Bustos los califica de “insuficientes” y “piloto”. El tiempo se agotó: el Estado debió estar listo antes de que suene la alarma.




