DEL CAOS A LA CURA

La división de clases y el rechazo a las élites, a los empresarios, a una fuerza pública fuerte y a los benefactores ralentizó al país por varios años. Pero, poco a poco, Ecuador va sanando. Así reaparece el ánimo de ayudar desde las grandes empresas, y desde quienes se encuentran en una posición privilegiada, aquellos que se preocupan por el bienestar de los vulnerables, sin estar obligados a hacerlo, aquellos que donan su tiempo y sus recursos para ayudar a que otros alcancen una vida más digna. Uno del creciente número de espacios es el proyecto Caemba, de la fundación Raíz, que nació como respuesta al devastador terremoto que golpeó a Ecuador el 16 de abril de 2016. Cristina Latorre y su esposo Manuel Pallares empezaron construyendo albergues en Esmeraldas, pero no se detuvieron. Han construido 799 casas de bambú para familias vulnerables, todas ellas lideradas por mujeres. Pero no están solos. Con su trabajo y transparencia, han creado una comunidad de apoyo que está integrada por grandes empresas, ciudadanos, colegios y universidades, y amigos, que se encargan de pagar el costo de cada casa ($4.900), pero también donan su tiempo para construirlas con sus propias manos. El programa Caemba Youth involucra a estudiantes de colegios, quienes gestionan eventos para recaudar fondos y participan directamente en las construcciones, creando una conexión invaluable con los beneficiarios. Hay otros programas, como Unidos por la Educación, que también recogen esfuerzos económicos importantes desde el ámbito privado. Los benefactores, los mecenas, son un importante pilar para el desarrollo.

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